Bernd, Hilla und Max

Durante 130 años se produjo celulosa a escala industrial en el recinto Attisholz de Riedholz (SO). En 2008, las puertas de la fábrica se cerraron para siempre. En los próximos 25 años, el recinto deberá acoger nuevos usos, preservando al mismo tiempo la imagen del complejo industrial, que impresiona por el tamaño y la contundencia de sus edificios. Ya hoy, la oferta gastronómica y cultural, así como el parque infantil, gozan de gran popularidad.
El cambio de uso del edificio Kocherei constituye la primera pieza clave del desarrollo urbanístico del recinto. Un encargo de estudios paralelos de Halter AG, propietaria del recinto, tenía como objetivo la elaboración de un proyecto con usos diversos como vivienda, servicios, comercio, restauración, etc. El equipo encabezado por Giuliani Hönger Architekten obtuvo el 2.º puesto en el procedimiento. Lüchinger+Meyer apoyó el trabajo de diseño en el ámbito de la ingeniería estructural. El jurado reconoce al proyecto «Bernd, Hilla und Max» un acertado diálogo con el edificio existente. «La propuesta ofrece respuestas sugerentes y convincentes en los más diversos niveles. Sus autores logran abordar de forma precisa el lugar y sus retos específicos: reforzar lo existente, generar lo nuevo y unir ambos mundos en un todo. […] En esta propuesta, estructuras portantes específicas definen las tipologías y la expresión de los distintos edificios.»

La ingeniería estructural prevé la conservación íntegra de la estructura primaria del edificio existente; nuevos forjados, ejecutados como forjados de cajón de madera con vigas descolgadas también de madera, complementan lo existente. La ampliación y la remonta de la Kocherei se realizan dando continuidad al sistema estructural existente, formado por pórticos y forjados de hormigón, con luces económicas de 3,5 m.
El nombre de la propuesta, «Bernd, Hilla und Max», remite al legado industrial y a la idea de evolución. La pareja de artistas Bernd y Hilla Becher alcanzó renombre internacional con sus fotografías en blanco y negro de edificios y paisajes industriales. Desde los años cincuenta fotografiaron construcciones funcionales de la industrialización: castilletes mineros, gasómetros, altos hornos, centrales eléctricas, silos de grano. Además de su importante aportación a la historia cultural —muchas de las construcciones retratadas desaparecieron hace tiempo—, su mérito reside en haber documentado la gran calidad formal de obras de ingeniería aparentemente banales. Su hijo Max —el vínculo con el futuro en el título— también se dedicó a la fotografía.

Las siete propuestas podrán visitarse a partir del jueves 30 de marzo de 2023 en una exposición en el Eisenmagazin del recinto, en la Aareplatz.

(Visualizaciones: maars)