Otoño en Solothurn

El otoño avanza por el paisaje y la naturaleza se recoge. También para nosotros ha llegado el momento de detenernos, hacer balance y mirar hacia el futuro. El 29 de octubre, todo el equipo de Lüchinger+Meyer volvió a reunirse por primera vez tras la pausa de la pandemia en su tradicional jornada de reflexión. Como sede del encuentro elegimos, por buenas razones, el Landhaus de Solothurn. En primer lugar, la ubicación céntrica de la ciudad entre nuestras oficinas de Zúrich, Lucerna y Lausana permitió a todo el personal un desplazamiento cómodo; en segundo lugar, este venerable edificio forma parte de nuestros proyectos actuales. Tras ganar el procedimiento de selección de equipos, participamos como ingeniería estructural en la rehabilitación de este edificio, que es patrimonio protegido. En consecuencia, abrió la jornada una «pequeña lección de historia local», que nos acercó a la historia del edificio y a los retos del proyecto. A continuación, Daniel Meyer presentó su repaso del año y sus perspectivas de futuro. Se celebraron aniversarios y se formularon los objetivos del año.

No fue la niebla matinal que envolvía el Landhaus, sino el Aar, que discurre junto al edificio, el que se convirtió en el acompañante simbólico de la jornada. Todo fluye. Esto se aplicó especialmente a nuestros diversos talleres. En distintas agrupaciones debatimos temas de futuro de la construcción y los retos del día a día de la oficina y de los proyectos. Rara vez surge en la rutina diaria una ocasión tan propicia para un debate concentrado y constructivo en un grupo tan amplio. Huelga decir que tanta actividad colectiva estuvo acompañada de una gastronomía de primera y de un ambiente distendido.