Quel malheur! Que el único día de mal tiempo de las últimas semanas de enero coincidiera precisamente con nuestra jornada de esquí enfrió un poco la ilusión por los deportes de invierno en Grindelwald. Es cierto que el panorama envuelto en niebla entre el Eiger, el Mönch y el Jungfrau ofrecía un escenario pintoresco digno de un cuadro de Caspar David Friedrich, pero no prometía demasiada diversión en las pistas. Sin embargo, no conviene juzgar el día antes de que acabe: vistas de cerca, las condiciones resultaron mucho menos incómodas de lo que temíamos. Algunos bancos de niebla obligaban aquí y allá a esquiar con precaución, pero en ningún caso lograron frenar nuestro espíritu deportivo.
A cambio, nos encontramos con remontes vacíos y laderas solitarias y en perfecto estado. ¡Vía libre en la bajada del Lauberhorn! Hasta el cierre de las instalaciones, acumulamos bajo los esquís un buen número de kilómetros de pista en un ambiente de lo más divertido. También el grupo de senderismo recorrió a fondo, a pie y en tren de montaña, los paisajes invernales entre Grindelwald, Kleine Scheidegg y Wengen.
Los contundentes macarrones alpinos en el «Restaurant Eigernordwand», la acogedora fondue final todos juntos en el «Barrys» y un espíritu de equipo positivo en todo momento hicieron el resto. Al final del día, cansados pero satisfechos, hicimos balance de la jornada de esquí 2024.